La Odisea de los Salvadores

Actualizado: nov 22

Millones de chilenos, y miles de argentinos y peruanos descienden de un grupo de hombres que llegaron a Chile en 1576. En ese entonces la gobernación local necesitaba urgentemente refuerzos que les permitieran sobrevivir, ya que se enfrentaban a unos bravos guerreros, quizá los más diestros de América. Los mapuches no sólo frenaron en seco a los europeos, también fueron capaces de aprender de ellos y sacar ventaja del conocimiento de su tierra. Tanto así, que los peninsulares vivían en vilo, temerosos y avizorando un futuro muy oscuro.


Para la Corte de Felipe II era esencial que lejos de aflojar, sus súbditos terminaran de ocupar el territorio, ¡de una buena vez! Es que era estratégico, ya que mientras el Estrecho de Magallanes fuera de libre paso, los piratas ingleses, franceses u holandeses podían internarse y asaltar las ciudades costeras del Pacífico. Es decir, la conquista de las provincias de Chile se volvieron cruciales para la supervivencia no de esa colonia solamente, sino de buena parte de América; al menos en la mente real.


Una vez resueltos varios inconvenientes en Europa, el rey decidió poner punto final a esta problemática y nombró nuevo gobernador, suprimió la Real Audiencia (ineficiente e ineficaz) y decidió enviar 500 hombres (soldados) para socorrer y salvar a este Finis Terrae del sur de América; además, pensando que con dicha cantidad la conquista sería inminente, también sumó parejas “para poblar dicha tierra”. El encargado de la importante expedición fue Juan de Losada Quiroga, pariente de Rodrigo de Quiroga, el futuro gobernador.


Luego de muchísimas dificultades Losada logró contar con un número de 400 “soldados”, en realidad eran campesinos, jóvenes de Castilla, Extremadura y Andalucía; la inmensa mayoría de los cuales jamás habían luchado en una guerra, pero que se animaron a cruzar el Gran Charco para “hacerse la América”. Aunque ir a Chile no era precisamente donde lo conseguirían…


Luego de zarpar, el contingente sufrió de todo. Me parece que ninguno de ellos, seguramente optimistas “salvadores”, imaginó lo que les depararía el derrotero. Era difícil viajar en un barco diminuto por varias semanas, con monótona y a veces putrefacta alimentación; sin higiene, con mucha sed y sujetos al mal tiempo que hacía ver a los galeones como juguetes.


La ruta que siguieron era primeramente cruzar el Atlántico hasta Cartagena de Indias, luego pasar hacia Panamá cruzando el istmo a través de la selva, y al final zarpar desde Panamá (en el Pacífico), para seguir la costa sudamericana hasta Valparaíso. Era una travesía que varios hombres ya habían hecho de forma individual, pero era la primera vez que se enviaba una expedición con refuerzos desde España.


A poco andar, asumió un nuevo general del socorro forzosamente, y se encontró luchando contra múltiples enemigos a cada paso que daba; ya sea con las enfermedades, las constantes fugas o los desórdenes propios de las incomodidades y de la naturaleza humana. A Panamá llegaron más de 100 hombres enfermos, muchos de los cuales no lograron superar el tabardillo. Los barcos no estaban listos para partir al sur y los “soldados” encerrados y descontentos; los oficiales con ganas de rebelarse, los hospitales llenos, los pobladores de Panamá impacientes y enojados con esta invasión de connacionales que alteraban su normal vivir. Y para peor, nada funcionaba, los barcos no estaban y cuando había alguno, al poco tiempo debía volver porque no aguantaba las tormentas.


En realidad, tal como dijo el propio general:


“no había quien no procurase deshacer este socorro por todas vías”

Pero bueno, algunos de esos salvadores llegaron y fueron importantes no tanto por su aporte a la conquista, sino porque decidieron quedarse en estas tierras del fin del mundo y fundar familia.


Y he ahí lo que me animó a escribir un libro sobre esta historia que parece un guion sacado de una película, no sólo por las extraordinarias circunstancias de la travesía, desconocida y poco estudiada por no tener tanto valor histórico; sino porque para mi gusto se produce un nexo invaluable con la historia familiar de los chilenos. El influjo de estos hombres es alto, ya que llegaron muy tempranamente cuando se estaba conformando la sociedad, la misma que recibiría nuevos aportes de migrantes, pero que no dejaría de tener en su sangre la de estos expedicionarios que pasaron por momentos donde uno podría pensar que se mide la entereza humana.


No exagero cuando planteo que son millones de chilenos los que tienen entre sus ancestros a los salvadores; de hecho hay numerosos presidentes de la república, artistas, militares, intelectuales y muchísimos anónimos que hoy caminan por las calles. Algunos de los que llegaron puedes verlos AQUÍ. Así que esta historia, en gran medida es la de los antepasados de buena parte de la población.


Al final del libro, hay una sección donde están mencionados todos los expedicionarios que llegaron, con algunas notas sobre su descripción física, lugar de procedencia, padres y actuaciones en Chile.


Por mi parte, estoy súper contento de ver por fin impresa esta crónica. A veces uno no dimensiona los años de investigaciones y horas de cavilaciones puestos en papel, es algo que recién estoy sopesando. Para comprar en Chile haz click AQUÍ, y en AMAZON también está disponible. Para envío hacia Sudamérica, contáctame, por favor.


Espero que me acompañen en esta travesía y (como yo lo hago) se encuentren viajando en mar abierto, mirando el horizonte y pensando en el profundo significado de la vida.


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