• Cristián Cofré León

Cáhuil, primeros propietarios y el origen de sus salinas (I)

Actualizado: 8 de mar de 2019


Nota del autor [1]


Tuve la oportunidad de visitar los parajes costeros de Colchagua, en particular la laguna de Cáhuil, de la que traje los mejores recuerdos junto a un par de sacos de su preciada sal. Como siempre he sentido atracción por los pueblos pequeños, por sus tradiciones, resultó imposible no preguntarme sobre sus primeros habitantes. Quiénes eran, cómo vivían, cómo se fue poblando el lugar. Situación que se complementó con el misterio sobre el origen de sus salinas. Hoy los salineros de Cáhuil son considerados “tesoros humanos vivos” y su cristal blanco alcanzó denominación de origen, ¡qué mejor incentivo para investigar su historia!


Las siguientes líneas se centran en la laguna de aquel hermoso lugar, específicamente en los propietarios de la tierra desde sus inicios conocidos, hasta culminar con el origen de las salinas y los primeros salineros. Es una investigación centrada en las personas, aquellas que fueron construyendo el espacio que habitaron y que fueron legando otro patrimonio inmaterial, el deseo por vivir mejor.


Aprovecho la ocasión para agradecer al Archivo Histórico Nacional por su inestimable contribución en el resguardo y difusión del valioso patrimonio documental de los chilenos; al profesor y amigo Juan Guillermo Muñoz Correa, que aunque no nos acompaña, merece un reconocimiento por su ayuda desinteresada y constantes aportes al estudio de familias colchagüinas.


Espero que me acompañen en este viaje hacia el pasado, donde verán un proceso que con escasos matices lo vivieron otras localidades. Irán apareciendo personajes que, aunque parezca difícil de asimilar, dejaron descendencia entre la que hay muchos chilenos. Connacionales que seguramente desconocen que ese hermoso lugar ya fue visto y disfrutado por sus mayores.


Cristián Cofré León

Santiago de Chile, febrero de 2019



Introducción


Cáhuil es un pequeño poblado ubicado al sur de Pichilemu (comuna a la que pertenece), en la costa de la sexta región de Chile. Es reconocida como una zona turística donde aún se extrae la sal de mar artesanalmente. Esto lo realizan a través de la preparación de “cuarteles” rectangulares que retienen el agua salobre del mar que penetra en la laguna. Luego de un proceso que tarda varios meses, finalmente “cuaja” la sal, el agua se evapora dejando paso a este cristal blanco tan necesario para nuestra alimentación.


Aparentemente el nombre “Cáhuil” tendría su raíz en la voz indígena onomatopéyica para referirse a las gaviotas que habitan en torno a la laguna.


Resulta difícil establecer concretamente quienes eran los primeros pobladores del lugar. Los Incas llamaban promaucaes a los habitantes entre el río Maipo y el Maule, “gente salvaje”. Y allí vivían desde diaguitas a mapuches. Los españoles también se refirieron a los pobladores del sector con el mismo nombre, y particularmente a los indígenas de Cáhuil como promaucaes de la costa.


Como la documentación escrita apareció con la llegada de los europeos, recién desde el siglo XVI se puede establecer con claridad quienes eran los nuevos pobladores, y en muy contados casos, quienes eran los nativos. Por lo tanto, esta investigación no puede más que dar cuenta del período colonial en adelante.


Mapa donde se aprecian los lugares que componen el entorno de Cáhuil.

Primeros europeos


Luego del desastre de Curalaba (o gran victoria mapuche) en diciembre de 1598, los españoles forzosamente tuvieron que mantener una frontera en el Bio-Bio y no continuar con la conquista hacia el sur. Esto trajo consigo que la zona central comenzara a poblarse, ya que muchos soldados veteranos que perdieron todo tras el alzamiento indígena, obtuvieron en premio de sus servicios mercedes de tierras; lo más parecido a un título de dominio de propiedad actual, que en aquel tiempo entregaba el gobernador a su arbitrio. Esas mercedes dieron pie al establecimiento de estancias sobre todo dedicas a productos ganaderos en el siglo XVII y producción de cereales a fines de ese siglo y siguientes. Esas estancias comenzaron a dividirse y a llamarse frecuentemente haciendas a fines del siglo XVIII, y en la siguiente centuria fueron conocidas como fundos los más extensos e incluso al día de hoy reciben el mismo nombre.


En particular, en el sector de Cáhuil hubo varias mercedes de tierras otorgadas a españoles, desde comienzos del siglo XVII:


1. Estando en Millapoa el 26-II-1607, el gobernador don Alonso García Ramón le hizo merced al capitán Tomás Durán de 600 cuadras de tierras “entre Rapel y Lihueimo en la costa, llamadas Petel” para criar yeguas y vacas. El 6-II-1613 el gobernador don Alonso de Ribera habiendo visto que García Ramón le “había hecho merced de seiscientas cuadras de tierras en la costa de la mar, en los promocaes, que caen entre los pueblos de Lihueimo y Rapel que llaman Petel, para estancia de vacas y yeguas”, le ratificó el título.


2. El gobernador García Ramón el 16-XI-1608, otorgó a doña Leonor de la Corte, viuda del sargento mayor Rodrigo Verdugo, 500 cuadras en “el valle de Nilahue y sitio del Carrizal”.


3. En el asiento y comarca de Santa Inés en 6-X-1609, el gobernador don Alonso García Ramón le hizo merced de 600 cuadras de tierras a Juan Francisco de Acevedo quien “tiempo de 12 años que está en este reino sirviendo a su majestad en la guerra, con lustre”. Otorgadas “en el distrito de Lihueimo y Rapel, en un valle llamado Quillenhue y otro llamado Poconhue, que lindan con el cerro de Tanunhue y Petelguire, por una y otra parte de la dicha laguna y en las demás aguadas y manantiales que se hallaren dentro de los dichos linderos”. La posesión le fue dada por Juan Martín de Paz el 10 de octubre de aquel año en el valle de Petelbudi.


4. En el asiento de Alue (Alhué) el 7-X-1609, nuevamente García Ramón otorgó una merced, esta vez a Andrés López de Gamboa, hijo legítimo “del capitán Íñigo López de Basurto, conquistador que fue de este reino y por estar pobre y necesitado y no tener con qué comprar un pedazo de tierra me pidió y suplicó le hiciese merced de quinientas cuadras de tierras en las lagunas llamadas Petel que lindan con lagunas de Lihueimo, cerro de Topocalma y así mismo de otras cien cuadras de tierra en el Pico que lindan con tierras del capitán Juan Gudines y Juan de Cuevas, por estar vacas”. Finalmente, el gobernador le entregó 400 cuadras en Petel y 100 en Pico. El 19 de febrero del siguiente año le dieron sus dominios en el asiento que llaman de las lagunas de Lihueimo, donde está un valle pequeño que está al pie de un cerro grande de luengo de la dicha laguna” el 19-II-1610, “declara que es junto a la mar”.


5. En Concepción el 20-XI-1609, el mismo gobernador entregó 400 cuadras a Juan Francisco de Acevedo, nuevamente, porque “estaba muy pobre y necesitado y casado con hija y nieta de conquistadores”, “en el sitio y distrito de Lihueimo, que corren de la laguna grande a la laguna de Petel, linde en sus linderos [que] van a dar al cerro de Coyapiuque y al cerro de Tanahue y la costa de la mar interpoladas en ellas las aguadas y manantiales que hubiere dentro de ellas”. Fueron entregadas el 16 de marzo del siguiente año. Lo interesante es que se detallan bastante bien los lugares asignados, lo que da una idea clara sobre Cáhuil.


6. Estando en Concepción el 15-XII-1627, el gobernador don Luis Fernández de Córdoba y Arce dio al capitán Lorenzo Núñez de Silva, vecino encomendero de Santiago, porque “dice que tiene cantidad de tierras en términos de Rapel y así de mercedes hechas de señores gobernadores como compradas, linderos de las cuales dichas tierras son términos de Rapel y laguna de Los Choros”, pide todas las demasías que dentro de los dichos términos hubiere. Le hace merced “sin perjuicio de tercero que mejor derecho tenga a ellas, de los indios y sus reducciones; con sus entradas y salidas, usos y costumbres, derechos y servidumbres, aguas, montes y vertientes”. El 14 de enero del siguiente año se le dio posesión y el 9-XII-1638 el gobernador don Francisco de la Vega le ratificó el título.


Las dificultades para determinar los lugares exactos de estas mercedes son evidentes. Por una parte, los nombres de cerros o accidentes geográficos mencionados no tienen continuidad hasta hoy, por lo que resulta casi imposible fijar sus ubicaciones, por otra parte, los gobernadores no conocían las dimensiones de los parajes, ni las delimitaciones estaban claras, así que podían entregar más cuadras de las que había o los beneficiarios disputaban los mejores lugares de un sector mayor. Esto provocaba más que simples roces entre los adjudicatarios, quienes pleiteaban constantemente por demarcaciones de sus mercedes. Lo positivo para los futuros investigadores es que estos juicios permiten reconstruir en buena parte, la evolución de la propiedad.

Las cuadras, como unidad de área, medían 150 varas castellanas por sus cuatro lados (hacían un cuadrado); esto equivale a 125,25 metros por lado, o sea 15.688 mts2, muy parecidas a las dimensiones de las cuadras que vemos en las ciudades.


CONTINUACIÓN (II)



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[1] Cristián Cofré León es investigador, genealogista, director de la Revista de Estudios Históricos del Instituto Chileno de investigaciones Genealógicas. Ha publicado varios artículos y ha dictado una docena de charlas de diversas temáticas histórico genealógicas.

Correo electrónico: contacto@cristiancofre.cl.