Inmigrantes, presidenciales y más

Actualizado: 27 sept 2021

Este 2021 en Chile estamos viviendo un año de elecciones, muchas. Por una parte, se renueva el congreso y el ejecutivo luego de cuatro años; pero también estamos entre profundos cambios políticos, que nos tienen preocupados. Llevamos casi dos años convulsos. Pero bueno, es el escenario que tenemos hoy y no voy a hablar de política, sino de genealogía.


El domingo pasado (18 de julio) fui invitado a un programa televisivo para hablar de la genealogía de los candidatos presidenciales, para las elecciones primarias. Me pareció espectacular que hubieran pensado en esta temática tan poco difundida para “amenizar” mientras se esperaban los resultados. Aunque, por cierto, antes de esta cita, ya la radio ADN y su programa “El Ciudadano ADN” me habían incorporado como panelista los días miércoles un poco después de las 11 AM, visionarios!! Ya llevo unos ocho meses. Es que la temática del “origen de los apellidos” es atractiva para el público, aunque claro, mi foco está en la genealogía.


Dentro de los tópicos que hemos comentado en la radio, estuvo presente la genealogía de varios candidatos presidenciales y fue quedando en evidencia algo que me resultaba un tanto extraño. A ver, en la elección primaria recién pasada (donde se elegían a los candidatos únicos de bloques políticos), los postulantes eran, por sus apellidos: Lavín, Desbordes, Briones, Sichel, Jadue y Boric. Bueno, cuatro de seis postulantes eran descendientes cercanos de inmigrantes; Desbordes bisnieto de un francés, Sichel bisnieto de italiano, Jadue nieto de palestinos y Boric bisnieto de croatas. Finalmente pasaron Sichel y Boric.


El panorama presidencial se complementa con Kast, hijo de inmigrantes alemanes, un(a) candidato(a) entre Provoste, Maldonado y Narváez; más Sharp, bisnieto de estadounidense, y posiblemente uno entre Enríquez-Ominami y Guillier (descendiente de francés).


Cuando la semana recién pasada en la radio hablamos de los abanderados chilenos de los Juegos Olímpicos, evidenciamos que todos eran también descendientes de inmigrantes recientes, de comienzos y hasta mediados del siglo XX: Crovetto (italiano), Grimalt (español) y Mailliard (francés).


Distribución de apellidos


En Chile tenemos un caso bien interesante, y es que los mil apellidos paternos más comunes son de origen ibérico principalmente, de pueblos nativos y muy pocos provenientes de algún italiano o francés, pero llegado antes de la independencia (1818). Y hay una alta concentración, de hecho, esos mismos mil apellidos lo tienen aproximadamente un 85% de la población; aunque hay más de 100 mil distintos. O sea, el 1% de apellidos paternos más comunes lo lleva el 85% de los chilenos. ¿Se da también en otros países? No sé.


La mayoría de los apellidos de los candidatos presidenciales y por cierto, de los abanderados, no están en ese grupo, en ese 1%.


Como es común en nuestros tiempos hablar de la élite o de los que tienen poder (con carga negativa obviamente), me pareció pertinente preguntarme sobre los descendientes de inmigrantes y si no sería que ellos están creando esa élite. No garantizo tener las respuestas, es más bien un momento de reflexión, para que cada uno plantee sus propias hipótesis y valoraciones.


Pero antes, ¿es malo que estos deportistas y postulantes presidenciales sean bisnietos, nietos o hijos de inmigrantes? No, para nada. Por favor, nada más lejos de lo que me motiva a escribir en esta oportunidad. De hecho, sea en pocas o muchas generaciones, todos descendemos de inmigrantes, incluidos los pueblos originarios, todos todos.


Algunos elementos


1. Entre 1865 y 1940, alrededor del 2,5% de la población en Chile era extranjera (Fuente: INE). Esta cifra es ínfima si la comparamos con la diez veces mayor migración hacia Argentina.

2. En 1907, año en que se realizó un censo en el país, y que coincide con el punto de mayor presencia de extranjeros (4,1%), la distribución era la siguiente (Fuente: Memoria Chilena):

Extranjeros según nacionalidad en Chile, 1907. Censo de 1907.

Nuestros vecinos argentinos, peruanos y bolivianos sumaban al 42% de los extranjeros, mientras que los europeos representaban el 51% y seguramente había algunos que estaban en “otros”, como los croatas (yugoslavos entonces).


No todos esos forasteros establecieron familias ni dejaron descendientes en el país, algunos volvieron a sus localidades de origen o migraron hacia otros lugares. La mayor parte de la migración era de hombres, fenómeno que se ha repetido prácticamente desde siempre; en algunos casos llegaban con sus familias e hijos. Mujeres solas debieron ser muy pocas.


Emigraban en la inmensa mayoría de los casos, por problemas políticos, religiosos, sociales y desde luego económicos; hambrunas y guerras. Llegaban a Chile buscando oportunidades laborales, trabajando principalmente en la minería del salitre, cobre u oro; de ahí que el 55% de todos los extranjeros en 1907 residieran en Tacna, Tarapacá, Antofagasta y Magallanes.


Algunas preguntas


Ahora bien, si miramos a unos cuantos presidentes de la República: Alessandri, Frei, Aylwin, Bachelet, Piñera; notaremos que la representatividad de estas familias en el grueso de la población es mínima. Todos esos apellidos son escasos y están fuera de ese 1% de los más comunes. La mayoría de ellos partieron sin grandes contactos políticos relevantes.


Pero, ¿por qué los peruanos o bolivianos, que eran los más numerosos en 1907, no han destacado comparativamente como los otros grupos de extranjeros?

¿Por qué los descendientes recientes de inmigrantes que ocuparon la primera magistratura son prácticamente todos de origen europeo (Italia, Suiza, Inglaterra, Francia y Perú-España)?

¿Por qué los “criollos antiguos” (los del 1%) tienen tan poca presencia en los últimos 60 años: Allende, Pinochet, Lagos; y prácticamente perdieron representación a manos de los descendientes de inmigrantes recientes?

¿Qué hace que este grupo “nuevo” ascienda en tres generaciones al nivel más alto?


Como decía, no tengo las respuestas, pero sí algunas ideas. Los inmigrantes llegaban en muchos casos “con lo puesto”; no todos por cierto, pero sí la inmensa mayoría. No hablaban la lengua local (salvo los latinoamericanos y españoles, obviamente) y tuvieron que adaptarse rápidamente para poder subsistir, ocultaron su desagrado por más de alguna característica cultural de los chilenos y aun estando en desventaja respecto de los locales, trabajaron y trabajaron hasta que salieron adelante.


Casos llamativos son los palestinos (de origen cristiano), llegados con pasaporte turco y los judíos, llegados con pasaporte turco o de algún país centroeuropeo (sefaraditas o eskenazis).

Distribución de familias con apellidos judíos, Santiago 2021.

En este plano puede verse en la provincia de Santiago donde están ubicados actualmente ambos grupos. Principalmente en la zona oriente o rica de la capital de Chile. En pocas generaciones lograron un estatus socioeconómico que pocos “criollos” alcanzan (Fuente: Surname affinity in Santiago, Chile...).

Distribución de familias con apellidos palestinos, Santiago 2021.

Los europeos tenían, en general, un mayor nivel de alfabetización y conocimientos, y oficios que acá eran necesarios. Debieron ser más visionarios y determinados, observadores y hombres de acción: emprendedores. También se ayudaban entre ellos, como los italianos de Valparaíso o en las muchas asociaciones que se fueron formando. Y si en un comienzo podían relacionarse socialmente más al interior de cada grupo, con las nuevas generaciones se fueron integrando al resto de familias tradicionales.


Una cosa es que el perfil del inmigrante sea aguerrido, que lo motivara la subsistencia y las ganas de surgir, pero no es menos cierto que Chile ofrecía (¿ofrece?) un espacio para aceptarlos y valorar su tesón, creatividad y visión. Hay que considerar que una semilla por muy buena que sea, no crecerá en el desierto.


Quizá, esa frase de una canción, “y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”; esté sintonizada con la realidad. Pero, ¿por qué no valoramos con la misma intensidad lo propio o lo de los países vecinos?, ¿por qué las familias de apellidos mapuches están en la zona poniente en Santiago, aquella de menores ingresos?, ¿qué tienen ellos y qué ven el resto de los chilenos en ese grupo?


Al mirar la influencia de los inmigrantes, pareciera que pese a que los “criollos” comenzamos antes la carrera, este grupo nos rebasa con cierta facilidad, ¿qué podemos (y debemos) aprender de ellos?


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