• Cristián Cofré León

Los Pedros y el extraordinario Mateo de Lepe

Actualizado: 8 de sep de 2019

Los artesanos iban tomando de un maestro sus conocimientos, junto a su taller el joven aprendiz ponía en práctica la teoría del trabajo rápidamente. La sapiencia de esos hombres iba creciendo conforme los nuevos carpinteros sumaban sus propios descubrimientos. De esa forma, el oficio se enriquecía y podía producir mejores obras. También podían relacionarse con otros maestros a través de los gremios de artesanos, aunque durante el siglo XVI y XVII pareciera que no hubo en Santiago de Chile. Sí se agrupaban en cofradías, que tenían un carácter religioso. En ese entonces, la cofradía de Jesús Nazareno avanzado el siglo XVII fue eminentemente de artesanos de diversos oficios.


Los Pedros de Lepe


Juan de Lepe, el viejo, del que hablara con anterioridad, fue padre de otro maestro carpintero que debió llamarse Pedro, pues un meritorio artesano de este nombre ya trabajaba por 1587 y vivía en 1596. Muy probablemente era mestizo y fue el padre de otro Pedro de Lepe que también se dedicó al oficio de su padre y abuelo. Aunque no se tienen mayores antecedentes de sus obras, es probable que el último señalado sea el mismo Pedro de Lepe a quien le encargaron la nueva construcción de Tajamares en 1637. Al momento de testar en Santiago, nombró albaceas a un par de frailes y a su tío Mateo de Lepe. Casó con Marcela, india, y sólo le sobrevivió un hijo, otro Pedro de Lepe. Este tercer Pedro también fue maestro carpintero y trabajó para el cabildo en la construcción de un nuevo puente sobre el río Maipo. Llegó a ser alarife (una especie de Director de Obras de las municipalidades actuales).


Pedro de Lepe (el tercero del nombre) contrajo matrimonio con Ana María Paredes, quien era hija natural del extremeño don Fernando de Paredes y de María Flores. Ella sobrevivió varios años a su esposo y cercana a su muerte solicitó ser sepultada en la capilla de Jesús Nazareno, de donde era hermana. De su descendencia sólo sobrevivió Pedro Nolasco de Lepe, “por cuanto tuve otros hijos e hijas todos muertos sin haber dejado sucesión”.


Este nuevo Pedro también fue cofrade de Jesús Nazareno, pero aparentemente no desempeñó el oficio de sus antepasados. Casó con doña Marina de Ubillos, quien era hija legítima del capitán Martín de Ubillos y doña Juana González de Rojas. De sus hijos, Gregoria contrajo matrimonio en 1709 con Fernando de Silva (y Tapia).


Hasta ahora he perdido el rastro de esta línea, la más larga en cuanto al desempeño del oficio por excelencia de esta familia. Cuatro generaciones de carpinteros que muestran un caso único de tradición en el oficio.


Mateo de Lepe


Al comienzo de estas publicaciones sobre los Lepe, planteé que Mateo de Lepe fue no solo el personaje más destacado, sino un tipo extraordinario, ahora me queda contarte porqué.


Debió nacer en fecha muy cercana a 1585 en Santiago. Su padre Juan de Lepe, el viejo, tuvo amores con Leonor, india “natural de las ciudades de arriba, de las arruinadas por el indio rebelde”, vale decir, debió nacer en la región de Arauco, al sur del río Bío-bío. Leonor junto a Juan de Lepe fueron padrinos de un bautismo en 1586, así que me parece probable que hayan mantenido una relación medianamente estable, pese a que él estaba casado. Por lo tanto, Mateo nació como hijo adulterino y mestizo. Hacia 1595, cuando Mateo tendría unos 10 años, Juan de Lepe falleció, quedando entonces huérfano de padre y en una situación difícil por la condición de “india” de su madre. ¿Qué probabilidades tendría un mestizo, hijo adulterino y huérfano del padre español, de cambiar un futuro sombrío?


Poco se sabe de él en esos años, sin embargo, lo que parece más acertado es que se acercara a su familia de artesanos, donde un mestizo no generaba mayores problemas sociales, pues los de estos oficios estaban en la parte baja de la escala española. Al contrario, era conocida la habilidad de los indígenas para el trabajo manual e incluso para el diseño constructivo. Se dice que el levantamiento de la iglesia de San Francisco estuvo influenciado por ellos, ya que serían quienes colocaron unos bolones en los cimientos de la iglesia, lo que ha ayudado a que resistiera los sismos durante ya cuatro siglos al permitir un leve deslizamiento de sus muros. Situación distinta de todas las otras iglesias o conventos levantados durante esa época.


Uno de los carpinteros más reputados hacia fines del siglo XVI era Francisco Esteban Valenciano, cuñado de Mateo y quien había hecho trabajos para la construcción de la catedral de Santiago. Trabajó haciendo el coro del convento de La Merced y su sillería, por esto último le pagarían 400 pesos, la mitad en oro y la otra en comida, vino, carneros y trigo. Además, fue contratado por algunos vecinos para hacerles sus casas. Hacia 1605, cuando Francisco estaba a punto de morir, Mateo se encontraba con otros familiares atestiguando sus disposiciones testamentarias, lo que habla de una cercanía que debió darse también por el vínculo del trabajo. Es más, Francisco y su esposa fueron los padrinos de bautismo de una de sus hijas.


Entre las herramientas de los carpinteros de entonces había escoplos, gurbias, formones (de torno y de cortar), badainas, cuchillos, azuelas, escofinas, limas, boceles, hojas de cepillos, compases, martillos, etc.


El 5 de abril de 1605, fecha muy cercana a la muerte de Francisco, Mateo de Lepe dio el primer paso en su carrera de artesano y tomó como ayudante a Cristóbal Roque “para que [Mateo] le enseñe el oficio de carpintero”. Estaría 4 años con Mateo a cambio de ropa y alimentación. En ese entonces, el joven Lepe debió tener apenas unos 20 años, y todavía no alcanzaba ni el grado de oficial de carpintería, menos el de maestro; pero ya tenía un interesado en aprender con él. Como era de menor edad (la mayoría se daba a los 25 años), su cuñado Pedro de Aguayo lo afianzó, vale decir, se comprometió a responder por él.

1605 sería el año en que Mateo de Lepe comenzó a trabajar profesionalmente.


Su carrera sólo fue creciendo, tanto así que apenas 6 años después de comenzada el gobernador don Juan Jaraquemada le dio una merced significativa: un terreno de 50 por 100 cuadras (5.000 cuadras, unas 7.800 hectáreas) y otro aledaño en Curacaví en consideración de lo que vos el susodicho habéis servido a Su Majestad”. Normalmente estas mercedes tan extensas estaban destinadas a encomenderos o soldados relevantes; así que llama la atención la importancia que en tan poco tiempo había adquirido.


En 1609, luego del desborde del río Mapocho, el cabildo acordó construir un tajamar para frenar la arremetida del violento río capitalino y se designó a Mateo de Lepe para su construcción, la que se materializó durante 1612. Esta delicada tarea sólo podía ser encargada al mejor artesano de entonces, no era algo para especular. Mateo tendría apenas unos 27 años de edad.


En 1613 adquirió una chacra en la Dehesa del Rey, propiedad que investiga Cristián Mujica y que sus descendientes tuvieron hasta el siglo XVIII cuando la vendieron, aunque con controversia como ha averiguado Cristián.


En 1616 se le solicitó diseñar el puente sobre el río Maipo, que por la dilación recurrente se aplazó hasta 1620 cuando él la construiría; pero recién en 1622 se comenzó a juntar el dinero de las obras y luego se siguió aplazando indefinidamente. Lo mismo ocurrió con la fuente en la plaza mayor hacia 1633, cuando debían juntar dinero para que él la construyera.


En 1620 el cabildo le dio dos solares ubicados tras el cerro Santa Lucía porque “… ha tiempo de más de quince años que sirve en esta ciudad en el dicho su oficio, con mucha satisfación de los vecinos de la ciudad y aumento della, y en particular a todas las obras públicas que se le ha mandado por este Cabildo con su asistencia y dando las trazas necesarias en los casos que ha convenido; y últimamente, cuando el río desta ciudad salió por ella y la anegó, acudió a todos los reparos que se hicieron, y por su trabajo personal hizo un tajamar de cabrías de madera, que ha servido hasta el presente, con cuya defensa se estorbó la total ruina dela ciudad”. En 1622 compró un solar que estaba ubicado en la esquina de las actuales calles Mac-Iver y Esmeralda (al surponiente).


Pero no todo fue perfecto, en 1624 se le encarceló por haber vendido vino mosto a negros, que estaba prohibido.


Entre el zanjón de La Aguada y el río Maipo. Abarcaba las actuales comunas señaladas.

En 1627 el gobernador de turno le dio en merced el que sería conocido durante ese y el siguiente siglo como el llano de Lepe, y luego llano de Maipo; que en aquel entonces eran tierras improductivas y que Mateo quería transformarlas en fértiles haciendo canales desde el río Maipo. Sus descendientes fueron los dueños de este inmenso terreno que hoy abarca 10 comunas de Santiago ubicadas al surponiente, hasta principios del siglo XIX.


Hacia 1644, aparte de todo lo anterior, llegó a tener 400 cuadras en Til-Til, 300 en Boyelemu (en la costa, cerca de Cartagena), 50 cuadras en Huechuraba, 2 cuadras en Quillota, 5 cuadras en Vitacura y una chacra en el cerro Galaz (Renca); más 6 cuadras en La Chimba.


Trabajó para prácticamente todas las órdenes religiosas: en 1615, cuando tenía unos 30 años, realizó el artesonado (cielo) de la Iglesia de Santo Domingo, que el padre Ovalle describió en 1640 así: “la techumbre de la iglesia es de madera de muy curiosa hechura y más excelente la del coro, que está pintada y dorada y con hermosos lazos y labores”. En La Merced, entre 1622-1625: “todo de ciprés a manera de media naranja, de admirable labor y artificio, en que sobresalen dispuestos en buena proporción los artesonados lazos y pendientes de que se compone”; con las Clarisas en 1628. Y quizás, el artesonado de la iglesia de San Francisco también lo haya construido él, aunque quienes lo afirman citan un documento que corresponde a los dominicos. Sería fantástico que se pudiera demostrar lo anterior y contemplar lo único que se conservaría de sus trabajos.


También pidió autorización para construir un molino, al menos dos veces, aunque no se puede asegurar que fuera concretado.


Su increíble capacidad productiva fue sin igual; prueba de esta afirmación son sus numerosos contratos y trabajos para el cabildo y órdenes religiosas más la asombrosa cantidad de tierras que acumuló en corto tiempo. Su precocidad da cuenta de su genialidad; con apenas 20 años ya tenía un aprendiz, con 27 años estaba a cargo de la construcción más importante de la ciudad y con el correr del tiempo su habilidad fue requerida en las obras más grandes. Es como si hoy un único arquitecto hubiera diseñado los edificios íconos de la ciudad; pero también los hubiera construido. En su tiempo le llamaban también "arquitecto" y "escultor" por sus altas cualidades artísticas en la hechura de sus obras.


Mateo de Lepe representa uno de los mejores ejemplos entre quienes cambiaron su destino, con esfuerzo, pero también con talento.


Sólo lamento que hoy en día no sea recordado en ninguna parte de la ciudad que tanto ayudó a dar forma, su nombre y su historia han desaparecido totalmente. Lo único que lo recuerda, es un lugar de Curacaví llamado Lepe, que corresponde a las que fueron parte de sus tierras en aquel sector. Me parece que tenemos una deuda con este notable artista y constructor.


Debió dejar este mundo antes del terremoto del 13 de mayo de 1647, momento en que la mayor parte de sus obras desapareció junto a un tercio de la población. Al menos no vio todo su trabajo perdido. Por mi parte estoy escribiendo su biografía, que espero difundir ampliamente para que más personas lo conozcan.


En el plano familiar, Mateo casó tardíamente por 1630 con doña Juana de Figueroa o Riberos Figueroa o Rodríguez, hija natural de don Lorenzo Suárez de Figueroa y Juana González. Un matrimonio socialmente ascendente. Antes había tenido a lo menos 5 hijos naturales.

Hijos legítimos:

1. Marcos de Lepe, falleció párvulo entre 1638 y 1644.

2. María de Lepe, nació en Santiago. Testó y dio poder testamentario en varias ocasiones, siendo viuda, en 1656, 1657 y 1661. Había casado con el Teniente Diego de Silva Rodríguez. Sin descendencia.


3. Tomás de Lepe, carpintero. En 1665 con madera de ciprés traída de Malloa fueron labrados por Tomás de Lepe y cinco oficiales criollos los retablos, altares, artesonado y sillería de la Catedral. Casó con doña Mariana de Córdoba y Morales, de la familia de esos conquistadores. Dejó descendencia de apellido Lepe y una de sus hijas contrajo matrimonio con Lorenzo de Dinamarca con quien dejaron sucesión en Toquigua, Zúñiga y Guacarhue (VI región).


4. Agueda de Lepe.

5. Clemente de Lepe, fraile mercedario, que testó en Santiago por 1656, siendo novicio. Dejó todo al convento y decía que a la muerte de sus padres quedó a cargo de su hermano mayor Juan. Además, mencionó que no se le había entregado su parte de la herencia. En 1687 estuvo junto a su cuñada Mariana de Córdova dando la dote de su sobrina María de Lepe y Córdova. Falleció en Santiago el 28-XI-1703. En 1708 un cura mercedario fue a la justicia para que se pagaran $131 de cuatro cuadras que éste tuvo a censo (de un principal de $550), suma que fue pagada por José de Lepe y Córdova, su sobrino y heredero.


Hijos naturales:


6. Martín de Lepe, hacia 1644 estaba en La Rioja.

7. Juan de Lepe, Maestro carpintero, “maestro arquitecto”, alarife y teniente. Natural y vecino de Santiago. Era hijo de Elvira de Rosa. Testó en varias ocasiones en la capital, en 1650, 1660, 1664 y finalmente dio poder testamentario el 9-XI-1672 a su esposa; era cófrade de Jesús Nazareno y pidió que se impusiera una capellanía por su alma y la de su esposa. Prestó varios servicios a Santiago, sobre todo con el tema del agua, además de la iglesia de los agustinos: fue el “arquitecto y constructor” del templo que aún existe, aunque con modificaciones: “cortó en la cordillera los troncos necesarios para concluir el edificio que muchos años ha estado parado y suspenso”. Casó con María de Aguilera y Azpeitía (o Loarte), padres de Bartolomé, fraile mercedario.

8. Juana de Lepe, bautizado en Santiago el 14-X-1603, hija de Ana, india; fueron sus padrinos Leonor Franca y Francisco (Esteban) Valenciano, su esposo.

Casó con Juan Pérez y hacia 1644 estaba en Perú. Su padre les pidió a sus albaceas que le entregasen la parte que le correspondiera del quinto de sus bienes, pues no le había dado nada.

9. Leonor de Lepe, casó con García Gutiérrez de Sotomayor y llevó una dote avaluada en $3.000 (bastante dinero para la época), que consistían en 100 varas en una cuadra junto al cerro de Gulas, un negro esclavo llamado Salvador y medio solar detrás del cerro Santa Lucía. Con sucesión.

10. Agustina de Lepe, casó con Tomás Bernal y llevó por dote 2 solares en La Chimba, que lindaban con el de Diego de Silva, más medio solar detrás del cerro Santa Lucía, más $400. Tuvieron al menos dos hijos: Cristóbal Bernal de Lepe y al Capitán Nicolás de Lepe. Este último dio poder testamentario en Santiago el 9-X-1661; había casado con Antonia de Campos y sus hijos eran Cristóbal, Pedro, Lorenza, María y Tomasa.


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