Nombres más comunes (s. XVII - XIX)

Actualizado: mar 1

En un post anterior vimos los usos de los apellidos, la evolución en su transmisión, las diferentes variantes e incluso los problemas ortográficos, y como complemento, me gustaría presentarte los nombres más usados en tres siglos. Presentaré los top 10, pero además podrás descargar los top 40, tanto femeninos como masculinos, de cada siglo.


También te invito a dar un viaje al pasado con este crónica histórica que escribí y que contiene nombres usados en el siglo XVI también:



Para comenzar, es usual que la mayoría de las personas que viven actualmente en Chile y en gran parte de hispanoamérica, ocupen dos nombres de "pila" (que vendría por el uso de la pila bautismal en el proceso de otorgar un nombre a un pequeño). Diría que comenzó a notarse más frecuentemente durante el último tercio del siglo XIX y se fue fortaleciendo hacia principios y mediados del siglo XX. Calculo que más de un 90% de la población tiene dos nombres actualmente. El proceso fue paulatino, al igual como ocurrió con los apellidos. Me parece que a comienzos del siglo XVII la mayoría los bautizados se dividían prácticamente en partes iguales entre quienes tenían uno y dos nombres.


Pero, una cosa es llevar documentalmente dos nombres y otra es usarlos, ya que la mayoría de nosotros en forma coloquial somos tratados con uno sólo, a diferencia de Argentina, por ejemplo, donde se ocupan ambos con mayor frecuencia. Centrándome en este último punto y dada la información que tengo, iré recorriendo los siglos XVII al XIX descubriendo los nombres más comunes utilizados tanto por hombres como mujeres. Para lo anterior, tomaré información que tengo a mano de los archivos parroquiales; las sepultaciones de dos parroquias de Santiago. Por lo tanto, los resultados muestran los nombres "más usados", como eran llamados durante sus vidas las personas, no necesariamente los nombres completos con los que fueron bautizados. Por último, consideraré a aquellas personas nacidas durante cada siglo, excluyendo aquellas que nacieron en otra centuria, pero que fallecieron en la siguiente.


El objetivo principal es ver cómo fueron cambiando las preferencias. Este último punto está muy relacionado con la influencia cultural. Mientras Chile fue colonia del reino español y estuvo regido fuertemente por la Iglesia, no hubo tantas alternativas de nombres, pero cuando ocurrió la liberalización clerical junto a la apertura educacional y de fronteras con la llegada de personajes no hispanoamericanos, comenzaron a surgir nuevos nombres. Por ejemplo, Carolina recién aparece a mediados del siglo XIX y hoy es bastante común; el nombre Mario recién comenzó a usarse en el siglo XX. Como anécdota, cuando un investigador encontró un documento del siglo XVIII en el que no podía leer el nombre, pensó que podría tratarse de Mario, cuando en realidad era Hilario (manuscrito como Ilario), que sí era ocupado en aquellos años. Sin duda, la práctica recurrente hace que sepamos aquellos nombres utilizados en su tiempo y aquellos que aún no aparecían.


Sobre nombres, creo que sólo la imaginación y la moda es el límite, basta ver cómo numerosos niños fueron inscritos como Daenarys o Jon, por la influencia pop de una serie famosa. Caso llamativo es el de los hijos de don José Acuña Latorre, nacidos a fines del siglo XIX, ya que los bautizó de forma -a lo menos- curiosa: Australia Tonel, Justicia Espada (primera mujer ingeniero de sudamérica), Tucapel Arauco, América del Sur, Arquímides Capitán, Chile Mapocho y Grecia Brasil. Menos exóticos son otros nombres que en la misma época fueron utilizados (varios de raíz griega o latina), como Clímaco, Crispina, Teodolindo, Teófilo, Cirinio, Antalcidas, Auristela, Saturnino, Demecia, Archibaldo, Críspula, Primitivo/a, Clodomira/o, Emeterio/a, etc. Lo positivo para la investigación genealógica, es que si un antepasado lleva un nombre poco común, ¡es más fácil identificarlo!


Los nombres a veces se heredaban. Como recordatorio de un ancestro, por ejemplo, lo que puede ser un dato importante al momento de reconstruir la historia familiar. Tal es el caso del nombre "Segundo" que apela a la existencia de un primero, muchas veces el padre o un hermano mayor. Otro tema que sale durante el siglo XX principalmente, es que una misma persona tenía nombres distintos en el Registro Civil y en la Iglesia Católica, a veces se inscribía con dos nombres al ser bautizado, pero en la inscripción de nacimiento figura con uno sólo.


Siglo XVII


Considerando un libro de sepultaciones, cuyo original está en el Archivo Nacional Histórico, en el Fondo Varios, volumen 105.

  • Parroquia: El Sagrario (de Santiago de Chile).

  • Fechas: 1660 - 1668.

  • Muestra: 1.282 partidas con nombres (a veces recién nacidos o desconocidos no lo llevaban)

  • Total de nombres distintos: 192.

  • Top 40 nombres del siglo XVII:

Top 40_nombres_XVII
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Se presentan los 10 nombres más frecuentes, tanto de hombres como mujeres, junto al porcentaje encontrado respecto de la muestra total.


10 nombres más frecuentes, siglo XVII. En el caso de los hombres, Lorenzo, Alonso y Bartolomé tienen exactamente la misma frecuencia.

Entre los 20 nombres más frecuentes de hombres y mujeres, se concentra el 56,2% de todos los nombres de la muestra; los top 10 de mujeres concentran el 29,4%, mientras que en el caso de los hombres es el 26,9%. Mientras las Marías eran las más comunes de todas, triplicando a la tercera de la lista, por el lado de los hombres los Juanes casi duplicaban al segundo.


Siglo XVIII


Considerando dos libros de sepultaciones que se pueden ver en el Archivo del Arzobispado de Santiago.

  • Parroquias: El Sagra