¿Quiénes somos los chilenos? (I) - Parte aborigen

Actualizado: feb 21


Continuando con este manual de genealogía, me pareció fundamental que quien esté armando o le interese construir su árbol genealógico, también conozca de forma breve, quienes somos desde la mirada de nuestra conformación social, de las diferentes capas culturales que confluyen en nosotros. Los chilenos tenemos historias familiares muy parecidas, al menos en una gruesa fracción y mi esfuerzo estará orientado a que se entienda por qué, por ejemplo, no hay familias francesas antes del siglo XVIII, que los esclavos africanos sí dejaron descendencia no solo en el norte grande, sino en casi todo el país; que hay pocos apellidos aborígenes aunque la inmensa mayoría sí descendemos de ellos. En fin, nuestra conformación como país se fue dando con relativamente pocos componentes, hasta que la inmigración creció, aunque de forma pequeña si la comparamos con nuestros vecinos de Argentina o Brasil y otros tantos países latinoamericanos.


Desde hace bastantes años que se viene estudiando el genoma de los chilenos. Aunque hay más publicaciones, me parece importante un libro que apareció el 2016 titulado “El ADN de los chilenos y sus orígenes genéticos”[1] porque sintetiza un cúmulo de información que resulta relevante para partir desde una base sólida. Solo echo de menos que el estudio no alcanzara a las regiones más australes.


ADN y orígen genético de los chilenos

Ancestría aborigen


La inmensa mayoría de los chilenos tenemos aunque sea un 1% de sangre nativa americana. Según el estudio señalado, la población de la zona norte de Arica e Iquique tiene en promedio un 56,1% de ancestría aborigen, la más alta del país; mientras que para la Región del Maule la cifra ascendió a un 38,6%, la más baja de la muestra. En promedio, los chilenos tendríamos un 44% de sangre nativa. El mismo grupo de investigadores desagregó el resultado indígena en amerindios del norte y del sur, mostrando que la presencia de ambos grupos está repartida por todo Chile, vale decir, personas con componente amerindia del sur viviendo en el norte y viceversa; aunque se conservan mayores presencias de ambos grupos en sus respectivos orígenes geográficos. Lo anterior me parece lógico, ya que las grandes migraciones internas en Chile se produjeron hacia fines del siglo XIX y durante todo el siglo XX.


Lo primero que se le olvida a las personas con quienes he conversado estos temas, es que los mapuches no eran el único grupo de indígenas en Chile; en el norte había Aymarás y Atacameños hacia la cordillera, Changos en la costa, Diaguitas en los valles, Rapanuis en su isla; desde el río Aconcagua aparecen los Chiquiyanes en el este y Picunches en el centro y costa hasta pasado el río Maule; hacia el sur Mapuches en el centro y costa, Pehuenches en la cordillera (mapuches culturalmente), a los que les siguen los Puelches, Poyas, Aónikenk en el este; y por el centro y costa los Huilliches (tambien mapuches culturalemente), Cuncos, Chonos, Kawésqar, Yaganes y Selk’nam. Como se puede apreciar muchos pueblos con distintos niveles de desarrollo cultural, social y tecnológico a la llegada de los primeros europeos. Con esto apunto a que, si uno encuentra un antepasado indígena en Illapel, por ejemplo, lo más probable es que fuera diaguita, no mapuche.


Porcentajes de ancestría aborigen por lugares de Chile, 2016

Cuando los primeros europeos se instalaron a orillas del Mapocho, los Incas ya habían construido en las inmediaciones de la actual Plaza de Armas de Santiago varios edificios, donde uno esperaría que vivieran y administraran los pueblos sujetos a la obediencia del Inca. Ellos ya habían conquistado el norte y en el Chile central llegaron con su influencia hasta el río Maule. En sus conquistas, los Incas no reemplazaban a la población primitiva (no la exterminaban), así que su influencia de sangre fue mínima, además de que llevaban solo unos 70 años de ocupación. Pero aunque pareciera poca influencia genética, resulta que los españoles también arribaron con indios de servicio desde el Perú. En 1540, cuando Pedro de Valdivia llegó con 150 soldados, trajo consigo 1.000 yanaconas o indios de servicio. Ellos también fueron ingresando a Chile posteriormente, apareciendo en matrículas como “cuzcos” y seguramente reforzaron la importante influencia del quechua en nuestro vocabulario (guagua, chala, cancha, etc.).


Aparte de la población nativa original, habría que agregar a todos los indígenas que llegaron a Chile provenientes del Perú más los llegados del otro lado de la cordillera, ya que durante gran parte del periodo colonial la provincia de Cuyo estuvo en jurisdicción de la capitanía general de Chile. E inclusive, habría que agregar (con sangre indígena) a todos los mestizos llegados de diferentes puntos de América, que vinieron en levas para servir como soldados; más los que llegaron por otros motivos. No hay una estadística sobre lo anterior, pero personalmente creo que fue lo suficiente para que uno la note en diversos fondos documentales.


Por todos es sabido cómo disminuyó drásticamente la población nativa con la llegada de los europeos, fundamentalmente por pestes más que por guerras. De hecho, una vez que los españoles comenzaron a colonizar las tierras del norte y Chile central, les era fundamental contar con mano de obra, que tomaban de los indígenas; y por lo tanto, para los españoles los aborígenes representaban un recurso económico que necesitaban. Con esto quiero decir que, si bien hubo una guerra permanente hasta la época republicana, cuya frontera estuvo en el río Bío Bío, hacia el norte el incentivo que tenían los españoles era a que la población indígena aumentara, no que disminuyera.


Mientras tanto, cuando los europeos se dieron cuenta de que no podrían avanzar en su conquista, se dedicaron a administrar la frontera con los mapuches, el pueblo que les ofreció resistencia. Varios trabajos han mostrado cómo la frontera fue un lugar de intercambio permanente y no solo económico, también se produjeron relaciones familiares (con secuestro de por medio o libremente) de uno y otro lado. Sin ir más lejos, un gran jefe militar por los mapuches fue el mestizo Alejo (1635 – 1660), cuyo origen revela a cabalidad lo anterior. De hecho, el intercambio entre ambos mundos se manifiesta a través del ADN, encontrándose que la población de Temuco, zona al sur de la frontera histórica, posee (en promedio) un 48,3% de ancestría europea, no muy distinta de la que hay en el resto del país.


Los indígenas pasaron por distintas etapas en cuanto a su condición jurídica para la corona española. Primero fueron enemigos, pero a los cuales había que adoctrinar en la religión católica. Como muchos conquistadores cometían abusos, también se les intentó proveer protección, como con la tasa de Santillán o la de Gamboa que regulaban el trabajo indígena. Algunos fueron dados a un “encomendero” que debía en lo formal preocuparse de ellos y recibía un tributo o servicio personal a cambio, otros eran considerados indios libres, otros de servicio e incluso esclavos en algunas etapas. Vivieron en pueblos de indios a cargo de un cacique, pero con el correr del tiempo estos pueblos fueron desapareciendo hasta terminarse en el período republicano.


Una de las formas que ocuparon los encomenderos para optimizar sus haciendas, fue trasladando a estos indígenas hacia sus mercedes de tierras. De esta forma, de la encomienda de Peumo iban indígenas a la estancia de Apoquindo, de la que era dueño el encomendero, y allí se podían asentar sin volver jamás a sus tierras originales. La encomienda fue abolida en 1791.


Matrícula de indios de Colchagua, 1698.

Este cuadro, aunque con falencias de información, permite tener una idea del traslado de indígenas. En él se puede apreciar como el 60% era inmigrante en la zona colchagüina, aunque en la mayoría de los casos de procedencia cercana, por lo tanto, como pueblo de origen debieron ser picunches; la excepción serían los indios de frontera, que representan un 10% de los empadronados, que serían mapuches [2].


Esta última presencia de mapuches se explica porque en cierto período del siglo XVII también se les esclavizó. Originalmente esto se debía hacer solamente con los que fueran capturados en la guerra, pero surgió un lucrativo negocio que provocó el traslado de indígenas desde la frontera hacia la zona central principalmente, aunque también más al norte. Este desarraigo buscaba que los indígenas no intentaran organizarse y sublevarse, temor con que perm