Los ARMIJO, de la guerra a la tierra (II)

Actualizado: 24 de ago de 2019

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Luego de despoblar Angol, en fechas probablemente muy inmediatas, debió fallecer Alonso López de Medina, quien había contraído matrimonio con doña Beatriz de Avilés hacia 1584 en Angol y tuvo con ella al menos cuatro hijos. Doña Beatriz era hija de un conquistador que había llegado a América en 1535 en una expedición que intentó poblar el estrecho de Magallanes, llamado Gaspar de Avilés, quien posterior al fracaso en el sur del mundo se trasladó a la isla de Santo Domingo, Panamá y Perú, donde se juntó con Pedro de Valdivia y llegó a Chile en 1548. Aquí vivió en La Imperial y posteriormente en Angol donde fue regidor en 1561, casó con una (muy probable) mestiza, Inés de Higueras, hija de otro conquistador llegado en 1540 llamado Juan de Higueras. Uno de los hijos de Alonso López (o González) de Medina llevó por nombre Esteban y es el antepasado de un linaje Avilés que llega al presente con aquel apellido.


¿Y por qué menciono lo anterior? Porque la viuda doña Beatriz de Avilés contrajo matrimonio con Bernabé de Armijo a comienzos del siglo XVII.


Luego de instalarse en Santiago Bernabé apuntó hacia la zona norte, donde había chacras y en 1607 compró la “chacra grande” de Guachuraba en 550 pesos, el mismo día que vendió un censo por 180 pesos a la beata Juana Téllez. Es interesante que durante una disputa con una vecina llamada Juana de la Cueva se mencione el camino de Chille, porque resultó ser información complementaria para establecer la presencia incaica en Santiago. Esta propiedad estaría en la familia poco más de 100 años con muchos altibajos, básicamente por deudas que tuvieron como garantía la chacra grande.


También adquirieron un solar en la traza de la ciudad, ubicado en la esquina sur oriente de las actuales calles Huérfanos con Teatinos.


Bernabé dejó este mundo en 1612, cuando contaba con 53 años y junto a su esposa tenían dos hijos pequeños.


Doña Beatriz procuró una buena educación para sus hijos y fue una verdadera matriarca que también crió a sus nietos. Los efectos del terremoto de 1647 fueron tales que tuvo que pedir una rebaja por una deuda monetaria, ya que “se asoló y arruinó todo lo edificado en la dicha chacra”, logró reducirla en un 25%. Su nombre fue recordado en una nieta y bisnieta y falleció por 1662, con unos 90 años.

Bernabé también debió dejar un mestizo de su mismo nombre:


1. Bernabé de Armijo, quien figura en 1655 entre los soldados del capitán Alonso Álvarez Berrío y fue sepultado en Santiago en 1661.


De los hijos del matrimonio de Bernabé y doña Beatriz, llegaron a la adultez:


2. Lorenzo de Armijo y Palma, tal como firmaba (rescatando el apellido de su abuelo paterno). Siguió la carrera eclesiástica, siendo cura doctrinero desde 1626 y desde 1659 visitador general del obispado. Fray Diego de Humanzoro lo recomendó, decía de él en 1677 que era: “el clérigo más antiguo y de más autoridad de aquel obispado. Muy benemérito…”. Estas buenas palabras le valieron una canonagía en Concepción donde ascendió hasta el arcedianato, aunque no lo tomó, ya que falleció por 1678. Fue muy unido con su hermano Gaspar, compartieron la propiedad en igualdad, tanto en la ciudad como en Huechuraba. Pero además, también lo hicieron con otros dominios. Además, se preocupó de velar por los intereses de los hijos naturales de su hermano. En 1656 adquirió de la compañía de Jesús la estancia Loica, de 4.050 cuadras, que estaba ubicada en la actual comuna de San Pedro de Melipilla. Poco tiempo fue suya, ya que hacia 1668 la había recomprado la compañía. También tuvo varios esclavos.


3. Gaspar de Armijo y Palma, capitán de milicias.

Seguramente ya estando enfermo su padre, el gobernador Alonso de Ribera le dio en encomienda dos indígenas casados y uno soltero a comienzos de 1612. Vivió en Santiago en la mitad del solar de sus padres (la otra era de su hermano Lorenzo). Falleció por 1668 en la capital. Contrajo matrimonio tardíamente en la década de 1640 con doña María Flores o Flores Carrión, hija legítima de Vicente Carrión y doña María Magdalena Flores.

Gaspar seguramente también residió en Concepción y tuvo varios hijos naturales:


Rúbrica: Gaspar de Armijo y Palma, 1668.

a. Juan de Armijo, hijo de Elvira, indígena. Casó con Ana Estay y dejó sucesión natural y legítima que vivió en la doctrina de Renca.


b. Juan de Armijo y Palma, fue hijo de Bernardina Casado (de Concepción) y fue quien dejó descendencia documentada hasta el día de hoy. Juan fue teniente de corregidor de San Pedro de Melipilla donde se afincó por 1675. Luego compró las estancias Longovilo y Lingo Lingo allí mismo. Sus hijos, nietos y demás descendientes han vivido allí hasta el día de hoy, aunque como sucede, también se expandieron a tierras aledañas, al oriente, norte y sur. Casó con doña María Núñez de Villoldo y dejó sucesión natural y legítima. Con esta línea los Armijo se instalaron fuera de la órbita citadina e hicieron sus vidas en torno al trabajo del campo.


San Pedro (de Melipilla).

c. d. e. f. g. h. i j. Lorenza, Josefa, Francisco, Domingo, Nicolás, Juana, hija de Isabel de Torres que casó con Juan de Quiroz y Francisco de Pereira; Isabel casó con Rodrigo González de Liébana; y María, casó con Antonio González de Liébana.


Hijos del matrimonio de Gaspar con doña María Flores Carrión:


k. l. m. n. ñ. o. don Bernabé, don Juan casado con doña María Magdalena Sánchez Briceño, doña Gregoria casada con don José de Cuéllar, doña Francisca con don Juan Don Gómez de Gorráiz, don Antonio que dejó sucesión y doña Beatriz.


Una situación que podría resultar curiosa, es que tres de los hijos de Gaspar se llamaron Juan, pero hay que pensar que eran todos hijos de distintas madres. Esta situación también se producía en hijos de una misma pareja, aunque no era tan frecuente. Esto desde luego que genera una situación compleja al momento de diferenciar a las personas.


Los Armijo tienen una altísima presencia familiar en San Pedro de Melipilla, lo que da cuenta de su establecimiento temprano en el siglo XVII. Es una de las familias troncales, junto a los Espinosa, Jerez, Moya, Muñoz, Núñez, Quiroz, Silva y Zúñiga; todos con presencia desde la misma época.


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