Fuentes orales: las historias de la abuela

Actualizado: mar 19

En el artículo anterior hacía énfasis en la importancia de los documentos para hacer genealogía. Sin ellos no podríamos construir nuestro árbol genealógico por tantas generaciones como información haya. En Chile hasta el siglo XVI y en Europa hasta el siglo VIII en el mejor de los casos, aunque lógicamente en la mayoría de las veces no se puede avanzar tanto.


Con lo anterior, no quiero dejar de lado aquello que podemos rescatar hoy mismo y me refiero a las historias familiares.


De forma inocente o simplemente natural, los mayores nos cuentan al interior de nuestras familias cómo era la sociedad, las cosas que hacían de jóvenes, dónde se divertían, cómo se conocieron con sus parejas; en fin, esas historias que los más chicos las contemplan con grandes ojos y con preguntas de interés.


Bueno, mientras más pequeños hablemos de nuestra familia con los abuelos, más posibilidades tendremos de conocer de dónde venimos y quiénes son nuestros parientes. No ha faltado el investigador genealógico que ha lamentado no haber hecho preguntas a sus abuelos o a sus tíos. En mi caso, recuerdo perfecto cómo mi abuela me contaba cosas curiosas de su mamá o cómo sobrevivieron a un terremoto en Chillán (en Chile tenemos varias de esas historias). Aunque lamentablemente falleció temprano, algo pude rescatar. Por otro lado, tíos abuelos me han aportado bastante, incluidas menciones a sus antepasados, con mucha claridad. Es cosa de que imagines, desde el punto de vista de la genealogía, lo que significa que un abuelo te cuente hasta quienes eran algunos de sus bisabuelos y además, de dónde venían. En mi caso, pude llegar a saber (y confirmar) quiénes eran unos cuartos abuelos.


No sé si es algo tan común, pero las tías solteras ¡parecieran saberlo todo! Hay que aprovechar de pasar un buen rato con ellas y además adentrarnos en el pasado.


Una buena estrategia, que me ha resultado, es mirar fotos antiguas con algún familiar mayor. De inmediato y naturalmente surgen las preguntas sobre quiénes eran los que van apareciendo y entonces emergen las historias de algún tío que partió fuera del país o de amigos de la familia, de viajes, de gratos momentos y otros dramáticos; en el fondo surge la vida misma.


Pero hay que estar atento a algunos detalles, lo primero es que las personas mayores nos entregan su visión de los hechos, que no siempre se apega a lo que realmente ocurrió o transmiten lo que les contaron sus padres y deforman esas mismas historias, como cuando se juega al teléfono. Y cuando se habla de familias y sus orígenes, no falta la versión creativa que enlaza a personajes históricos como parientes. Normalmente aquellos que tenían el mismo apellido son candidatos perfectos para ser "antepasados".


Para que las fuentes orales tengan relevancia en la investigación genealógica, deben ser veraces. Es posible que sin la historia oral familiar nunca hubiera sabido por qué mi abuelo llegó a la capital ni con quiénes lo hizo y tampoco puedo verificar con otras fuentes el hecho, pero si me hubieran dado nombres o apellidos incorrectos, sí podría haberlos corroborado. Por ejemplo, tenía como información a una persona nacida en Temuco y no encontré nada porque en realidad había nacido en Pemuco… Es un pequeño error, ¡pero con 250 kms. de diferencia!


En definitiva, lo que recomiendo es:


  1. Rápidamente conversa con tus mayores, ahora, que el tiempo juega en contra.

  2. Escanea fotografías, todas las que puedas, son además de valiosas desde el punto de vista estético, un tesoro que fue rescatado del pasado para el futuro.

  3. Cuando te juntes, graba la conversación o filma. Imagínate lo impactante que es la historia relatada por quien la vivió y que pueda ser reproducida por tus nietos o futuros descendientes también.

  4. Por último, transcribe o lleva toda esa fuente oral a un papel (o procesador de texto), porque estarás documentando esas historias para que sean parte de las vidas de tus antepasados, disponible para las futuras generaciones.


Pero pon atención en:


  1. Luego de realizada la entrevista, repásala con la mayor objetividad que puedas y siempre con cierta incredulidad. Como te decía, abundan las historias fantásticas donde el abuelo fue ministro o pariente de un héroe… y no fue así.

  2. Como antecedente a considerar, piensa que siempre lo más antiguo tiene menos probabilidad de ser veraz. Relatar historias vividas por uno mismo es distinto a contar alguna vivida por un abuelo, aparte de que la memoria es frágil nuestra mente incorpora “recuerdos” que terminan adornando las historias.

  3. No se puede creer que todo lo dicho sucedió, aunque uno puede darle cierta holgura a los relatos en la medida en que no se puedan desmentir. Pero aquellos que sí se pueden comprobar con documentos oficiales, se deben certificar; principalmente los filiatorios de antepasados; fechas, lugares, apellidos. Cuando se pueda verificar hay que hacerlo siempre, porque esos datos son puntos de partida, pero no la verdad absoluta de nada, hasta que se compruebe.

En fin, conversar siempre hace bien, sobre todo con nuestros mayores que también disfrutan transmitir lo que han vivido. Si la genealogía, para mí, tiene como carne las historias, esta es la mejor forma de obtenerla y mientras lo hacemos, nos involucramos y entendemos a esos antepasados.


¿Has conversado con tus mayores?, ¿qué tal han resultado sus historias?


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