Grandes escándalos

Actualizado: 23 de may de 2020

“Juan José Escobar tiene dados grandes escándalos en esta villa con trato ilícito que ha tenido con Rosa Miranda, sacando a la dicha de casa de sus padres y públicamente la trae por los montes”

Justo a tiempo


El brillo del oro alumbra hasta los lugares más recónditos y con su magnetismo excepcional atrae a jóvenes y viejos tras la esperanza de la riqueza terrenal, así ha sido desde tiempos inmemoriales. Como decía Eliza Cook, “ningún oro brilla como aquel que es tuyo”.


Hacia 1740 se descubrieron vetas del mineral en la cordillera de la costa. La noticia se expandió y pronto llegaron hombres con sus palas, picotas, barretas y a veces solo con las ganas. Cateadores recorrieron la precordillera marcando “estaca minas” y empresarios mineros después de obtener una concesión, “habilitaron” aquellos lugares y comenzaron la explotación; surgieron los trapiches para moler las piedras y sacar el tesoro; un nuevo mercado había nacido.


Dos mineros en Chile, hacia 1834, de Mauricio Rugendas, en Memoria chilena.

De un momento a otro, la antigua estancia de Alhué -ya dividida entre varios herederos- vio venir a una cantidad de “habitadores” como nunca antes. Un líder local, junto al cura párroco bregaron por la fundación de la villa de San Jerónimo de la Sierra de Alhué, para que sirviera para el laboreo minero; allí se instalaron tiendas y se construyeron ranchos, y en el lugar más cercano a la zona de extracción, llamado “El Asiento”, se habilitó una capilla y campamentos.


El acceso era difícil y entre bajada y subida a las estaca minas los peones muchas veces pasaban por alto los sermones de los curas y se puede afirmar que no siempre se portaban tan bien. Aparte de algunos “juegos y pendencias”, surgieron amores clandestinos que se transformaron en “grandes escándalos” en la localidad.


Juan José San Martín, de joviales 28 años, había escuchado el eco brillante del oro cuando estaba en su natal villa de San Agustín de Talca, así que partió al valle alhuino a trabajar como minero. De los flirteos iniciales en los públicos caminos, pasó a las indiscretas visitas a la casa de una mujer, podría haber sido un simple cortejo con el cuidado y recato que se acostumbraba, pero el problema es que la joven estaba casada y como era de esperar, las visitas clandestinas finalmente salieron a flote. En octubre de 1763 cuando estaba en la casa de Fernando Urbano, uno de los vecinos de la villa, tuvo la mala fortuna de toparse con el marido engañado de su amante, que lo había ido a buscar. San Martín inmediatamente lo atacó propinándole dos o tres heridas que no resultaron de gravedad, pero que dieron pábulo para que el teniente de corregidor expidiera una orden de arresto contra este “patas negras”. Fue encarcelado en Rancagua (villa de Santa Cruz de Triana en aquellos años) y de allí logró fugarse para aparecer nuevamente en febrero del año siguiente, cuando entró “a esta población oculto”.


No pudo esconderse por mucho tiempo, sobre todo porque reanudó sus amores… Fue nuevamente apresado, pero esta vez se le trasladó a la cárcel pública de Santiago. “Fuele hecho cargo como falta a la religión”, “por el trato ilícito y escandaloso que tenía con una mujer casada, cometiendo el crimen de haber herido a su marido”.


Aunque no se veía un destino auspicioso, consiguió el apoyo de dos vecinos connotados de El Asiento, don José Hilario Núñez y don Antonio Gamboa, y gracias a ellos la Real Audiencia determinó “absolver de la expresada imputación” a Juan José. De esta forma volvió a trabajar su mina aunque con la seria amenaza de ser “detenido por término de dos años a (en) la plaza y presidio de Valdivia”. Se había salvado justo a tiempo.


Aparentemente enrieló su vida y dejó a la mujer, porque no hubo más trifulca sobre esto, pocos años después formó una compañía de explotación de oro con don Bernabé de las Cuevas en la estaca mina que tenía en la quebrada del Agua Fría.

Amores efímeros


Al inicio de este artículo presentaba la acusación contra otro Juan José, pero con el apellido Escobar, quien había nacido en Limache y también se arrimó a Alhué aunque antes de 1760. Sus graves escándalos se basaban en que se había llevado a Rosa Miranda de su hogar, “a los montes”. Este término se refiere a que arrancó con ella hacia un lugar lejano básicamente, donde las mujeres podían vivir una aventura amorosa que en la práctica jamás tendrían siguiendo la normalidad de la época, pero este incidente representaba un grave riesgo para su futuro y una deshonra para la familia, así que era castigado con vehemencia. En unos artículos del Archivo Nacional hay más antecedentes sobre este tema.


En fin, relata el superintendente de la villa, que luego de haber sido encarcelado Juan José y puesto en el cepo, “hizo fuga de la prisión”, pero posteriormente apareció rondando la villa, así que la autoridad anotó que “hoy once de octubre de mil setecientos y sesenta, a las ocho de la noche me informaron se hallaba en esta villa (Escobar) y haciendo la pesquisa, le encontré y tirando a cogerle se resistió y se le halló una piedra encubierta”.


En el cepo, peones en Angostura (1862), de Emilio Chaigneau, en Memoria Chilena.

Los testigos confirmaron todos los pecados de Escobar, que había provocado “crecidos escándalos” con Rosa, “trayéndola por las campañas, escandalizando a todo este pago”.


Juan José Escobar reconoció su mal comportamiento, aunque matizó su vuelta a la villa por el cobro de unos pesos, que estaba a más de cuatro cuadras de Rosa cuando lo detuvieron, además de que “cuando lo tiraron del poncho”, aunque intentó escapar, no pretendió tirar piedras ni nada.