• Cristián Cofré León

Grandes escándalos

Actualizado: hace 2 días

“Juan José Escobar tiene dados grandes escándalos en esta villa con trato ilícito que ha tenido con Rosa Miranda, sacando a la dicha de casa de sus padres y públicamente la trae por los montes”

Justo a tiempo


El brillo del oro alumbra hasta los lugares más recónditos y con su magnetismo excepcional atrae a jóvenes y viejos tras la esperanza de la riqueza terrenal, así ha sido desde tiempos inmemoriales. Como decía Eliza Cook, “ningún oro brilla como aquel que es tuyo”.


Hacia 1740 se descubrieron vetas del mineral en la cordillera de la costa. La noticia se expandió y pronto llegaron hombres con sus palas, picotas, barretas y a veces solo con las ganas. Cateadores recorrieron la precordillera marcando “estaca minas” y empresarios mineros después de obtener una concesión, “habilitaron” aquellos lugares y comenzaron la explotación; surgieron los trapiches para moler las piedras y sacar el tesoro; un nuevo mercado había nacido.


Dos mineros en Chile, hacia 1834, de Mauricio Rugendas, en Memoria chilena.

De un momento a otro, la antigua estancia de Alhué -ya dividida entre varios herederos- vio venir a una cantidad de “habitadores” como nunca antes. Un líder local, junto al cura párroco bregaron por la fundación de la villa de San Jerónimo de la Sierra de Alhué, para que sirviera para el laboreo minero; allí se instalaron tiendas y se construyeron ranchos, y en el lugar más cercano a la zona de extracción, llamado “El Asiento”, se habilitó una capilla y campamentos.


El acceso era difícil y entre bajada y subida a las estaca minas los peones muchas veces pasaban por alto los sermones de los curas y se puede afirmar que no siempre se portaban tan bien. Aparte de algunos “juegos y pendencias”, surgieron amores clandestinos que se transformaron en “grandes escándalos” en la localidad.


Juan José San Martín, de joviales 28 años, había escuchado el eco brillante del oro cuando estaba en su natal villa de San Agustín de Talca, así que partió al valle alhuino a trabajar como minero. De los flirteos iniciales en los públicos caminos, pasó a las indiscretas visitas a la casa de una mujer, podría haber sido un simple cortejo con el cuidado y recato que se acostumbraba, pero el problema es que la joven estaba casada y como era de esperar, las visitas clandestinas finalmente salieron a flote. En octubre de 1763 cuando estaba en la casa de Fernando Urbano, uno de los vecinos de la villa, tuvo la mala fortuna de toparse con el marido engañado de su amante, que lo había ido a buscar. San Martín inmediatamente lo atacó propinándole dos o tres heridas que no resultaron de gravedad, pero que dieron pábulo para que el teniente de corregidor expidiera una orden de arresto contra este “patas negras”. Fue encarcelado en Rancagua (villa de Santa Cruz de Triana en aquellos años) y de allí logró fugarse para aparecer nuevamente en febrero del año siguiente, cuando entró “a esta población oculto”.


No pudo esconderse por mucho tiempo, sobre todo porque reanudó sus amores… Fue nuevamente apresado, pero esta vez se le trasladó a la cárcel pública de Santiago. “Fuele hecho cargo como falta a la religión”, “por el trato ilícito y escandaloso que tenía con una mujer casada, cometiendo el crimen de haber herido a su marido”.


Aunque no se veía un destino auspicioso, consiguió el apoyo de dos vecinos connotados de El Asiento, don José Hilario Núñez y don Antonio Gamboa, y gracias a ellos la Real Audiencia determinó “absolver de la expresada imputación” a Juan José. De esta forma volvió a trabajar su mina aunque con la seria amenaza de ser “detenido por término de dos años a (en) la plaza y presidio de Valdivia”. Se había salvado justo a tiempo.


Aparentemente enrieló su vida y dejó a la mujer, porque no hubo más trifulca sobre esto, pocos años después formó una compañía de explotación de oro con don Bernabé de las Cuevas en la estaca mina que tenía en la quebrada del Agua Fría.

Amores efímeros


Al inicio de este artículo presentaba la acusación contra otro Juan José, pero con el apellido Escobar, quien había nacido en Limache y también se arrimó a Alhué aunque antes de 1760. Sus graves escándalos se basaban en que se había llevado a Rosa Miranda de su hogar, “a los montes”. Este término se refiere a que arrancó con ella hacia un lugar lejano básicamente, donde las mujeres podían vivir una aventura amorosa que en la práctica jamás tendrían siguiendo la normalidad de la época, pero este incidente representaba un grave riesgo para su futuro y una deshonra para la familia, así que era castigado con vehemencia. En unos artículos del Archivo Nacional hay más antecedentes sobre este tema.


En fin, relata el superintendente de la villa, que luego de haber sido encarcelado Juan José y puesto en el cepo, “hizo fuga de la prisión”, pero posteriormente apareció rondando la villa, así que la autoridad anotó que “hoy once de octubre de mil setecientos y sesenta, a las ocho de la noche me informaron se hallaba en esta villa (Escobar) y haciendo la pesquisa, le encontré y tirando a cogerle se resistió y se le halló una piedra encubierta”.


En el cepo, peones en Angostura (1862), de Emilio Chaigneau, en Memoria Chilena.

Los testigos confirmaron todos los pecados de Escobar, que había provocado “crecidos escándalos” con Rosa, “trayéndola por las campañas, escandalizando a todo este pago”.


Juan José Escobar reconoció su mal comportamiento, aunque matizó su vuelta a la villa por el cobro de unos pesos, que estaba a más de cuatro cuadras de Rosa cuando lo detuvieron, además de que “cuando lo tiraron del poncho”, aunque intentó escapar, no pretendió tirar piedras ni nada.


Pero a diferencia de su tocayo San Martín, Escobar no tuvo apoyo de nadie que abogara por él, así que el presidente de la Real Audiencia, el gobernador de Chile, lo condenó a dos años de destierro a servir “a Su Majestad, que Dios guarde, en el presidio de Valdivia, a ración y sin sueldo”. Esta dura sanción para los amores y escapes juveniles pretendían ser disuasivos, para que la población lo pensara dos veces antes de dejarse llevar por el mal camino…


Cuando ya estaba listo para partir, el “procurador de pobres”, que lo representaba frente a la justicia, hizo una jugada que daría esperanza al malogrado enamorado. Planteando que dado que el problema radicaba en que estos jóvenes habían tenido ilícita amistad, lo mejor que se podía hacer para remediar el asunto, era transformar esa relación en legítima. Y como si esto hubiera sido idea del reo, el procurador decía que “antes de saber la sentencia, me había expresado (Escobar), hallarse con ánimo de casarse con la mujer cómplice”. Este matrimonio sería la gran solución que evitaría sufrir dos años en Valdivia (con el encierro de la actual cuarentena más de alguno se cuestionará si realmente era una solución, jejeje, es broma, no se enojen).


Por fin, en la villa de Alhué se le preguntó a Rosa Miranda -en presencia de su madre- si se quería casar con Juan José y dijo que sí! Esta respuesta representó un verdadero alivio para el reo Escobar, así que solo quedaba que viajara a Santiago para sellar el compromiso ante la justicia. Me permito imaginar el alivio que sintió Juan José, con solo imaginar las condiciones del fuerte sureño sintió unas ganas irresistibles de casarse y liberarse de este entuerto que tomó tan a la ligera.


Pero la novia no llegó. Y pasaron los días, se prorrogaron las fechas… y nunca llegó. Tal parece que Rosa o su familia, cambiaron de parecer y Juan José se vio forzado a cumplir su pena.


Desconozco qué fue de él, aunque debió aprender duramente que el amor de entonces podía ser tan efímero como filoso.



Ni los diablos juntos


La persecución de la Iglesia a los "tratos ilícitos", junto a las autoridades civiles, como se vio, se tomaba muy en serio y se perseguía por ambas justicias (civil y eclesiástica). Los preceptos católicos eran rígidos y se promovía el fiel cumplimiento de ellos. Ahora, quien haya trabajado en historia social o en la construcción de genealogías puede darse cuenta que por mucho que ordenaran y persiguieran, la naturaleza humana se rebelaba constantemente.


Para terminar, y dado que era común escaparse de las prisiones o capturas, brevemente te contaré que en 1759, pero en la villa de Santa Cruz de Triana (Rancagua), el cura quería perseguir a Francisco Bosque, justamente porque dado que tenía amores con Manuela Guajardo fue desterrado hacia la villa de Alhué, pero no cumplió y como en los casos ya vistos, volvió a caminar “públicamente por esta villa”, así que el juez eclesiástico pidió al teniente Tomás Miranda que con cuatro hombres fuera a arrestar a Francisco, esto fue lo que relató el encargado de aquella misión:


“y luego que vio Francisco Bosque la gente de a caballo, agarró piedras y dijo que ni los diablos juntos me cogerán y echó a huir saltando paderes y ganó el convento del señor San Francisco, y habiendo pasado a darle parte al señor vicario, pasó luego a dicho convento y cuando llegó, ya se había ido del Sagrado en un caballo de lo que no se pudo coger

Nota: la foto de portada es del óleo de Mauricio Rugendas, "El huaso y la lavandera".


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