Informaciones matrimoniales

Actualizado: 16 de nov de 2019

El proceso del matrimonio católico requería solventar una serie de pasos. No era tan simple como ir donde un cura y decirle “queremos casarnos ahora”. De acuerdo al proceso que se llevaba desde el siglo XVI, se requería realizar algunas “certificaciones” de forma previa. Y justamente han quedado registros de estas validaciones, tan valiosos, que para mi gusto son fundamentales para trabajar cualquier genealogía, uno de los documentos complementarios más importantes.


Como comentaba sobre el proceso en un post anterior, primero venían los esponsales, donde los novios y padres se ponían de acuerdo en la realización del matrimonio, luego iban donde el cura y le daban cuenta de sus intereses. El cura tenía la obligación de hacer las tres manifestaciones o proclamas, que consistían en dirigirse a los feligreses del pueblo y contarles quiénes se casarían, normalmente se hacían en tres misas dominicales consecutivas. El objetivo era dar la oportunidad a las personas para que manifestaran alguna objeción; por ejemplo que el novio le hubiera dado palabra de matrimonio a otra mujer, que una u otra parte hubiera tenido relaciones sexuales con otros, que tuvieran algún parentesco sanguíneo o político cercano que pudiera impedir el matrimonio, etc.


Entonces, era en este momento cuando el cura tenía que levantar una información sobre la viabilidad del matrimonio, esta acta se conserva mayoritariamente en las parroquias del mundo y se guardan en los libros de Informaciones Matrimoniales.


INFORMACIONES MATRIMONIALES


Uno de los documentos más interesantes por el contenido, ya que aparecen varios datos que pueden encausar una investigación, sobre todo si los contrayentes tenían impedimentos. Como siempre, cuando hay problemas siempre hay más información, aunque de seguro esos antepasados no pensaran en nosotros y ojalá hubieran evitado las dificultades.


Los documentos en Chile al menos, se conservan con la mayor antigüedad (en promedio) desde mediados del siglo XVIII, manuscritos; y fueron profesionalizándose durante el tiempo, por ejemplo hacia el último tercio del siglo XIX el escrito venía gran parte impreso y el cura tenía que rellenarlo solamente. Por otro lado, eran documentos reservados pues podían contener información sensible de los novios o vecinos; de hecho actualmente varios párrocos no permiten ver esos archivos por la confidencialidad de la averiguación allí prestada. Imagínate que se acercaba un feligrés a hablar mal de la novia, con acusaciones delicadas, sin duda que resultaba impropio que otros se enteraran de algo grave, tanto por la novia como por el concurrente; así que el secreto era importante y parte central de este proceso.


Normalmente los documentos partían con una carta del novio dirigida al párroco, donde se identificaba con su nombre, lugar de procedencia y nombres de sus padres; luego indicaba su intención de contraer matrimonio con la novia, a quien también identificaba con su nombre, procedencia y nombres de los padres. Inmediatamente agregaba datos de utilidad para este proceso, como por ejemplo que no tenía impedimento alguno para casarse con la novia o que por el contrario, lo(s) tenía. En este último caso, aprovechaba de justificar la viabilidad del matrimonio mediante argumentos de diversa índole (que verás más adelante).

Carta que el novio dirigía al párroco declarando su intención de contraer matrimonio. Illapel, 1863.

Posteriormente, el cura acusaba recibo de la petición, luego solicitaba el consentimiento de los padres o de los tutores de los novios y enseguida se dirigía a la novia pidiéndole juramento sobre su “libre y espontánea voluntad” de casarse, que nadie la obligaba y que no tenía impedimentos como haber hecho votos de castidad ni otro que supiere. Se anotaba la edad de la novia y su firma (si podía hacerla).



Acuso de recibo del cura y juramento de la novia. Illapel, 1863.

Luego de las secciones anteriores, el cura llamaba al menos a dos testigos, quienes informaban sus nombres, edades, si estaban casados, profesión (en el mejor de los casos) y declaraban el tiempo que conocían a los novios, si eran libres de casarse o tenían impedimentos. Y firmaban, si podían hacerlo.


Testimonio de uno de los testigos. Illapel, 1863.

Posteriormente, se enviaba este documento al vicario del obispado o arzobispado correspondiente de la parroquia, y el obispo o arzobispo después de revisarlo dispensaba los impedimentos (o no). No he encontrado en estas informaciones matrimoniales ninguna que no haya resultado favorable al matrimonio; quizás la copia no volvía o no se archivaba o me falta revisar más…

Autorización para realizar el matrimonio. Illapel, 1863.

Bueno, con esa autorización del obispo o arzobispo se procedía a realizar el matrimonio, el que quedaba asentado en los libros de matrimonios de las parroquias. Como se puede concluir, las fechas de las informaciones matrimoniales son previas al matrimonio y por otro lado, puede haber información matrimonial favorable sin que se haya efectuado el casamiento, porque se arrepintió alguno de los dos o fallecieron u otro motivo cualquiera.


En el respectivo Obispado o Arzobispado también quedaba un documento que se conserva en los libros de Dispensas Matrimoniales. Lo que es muy útil, porque aunque la información contenida es de menor calidad, igualmente salen cosas interesantes y por último, puede que se conserve la dispensa, pero no la información matrimonial; así que también es otro documento a revisar.


Cuando alguno de los novios era foráneo, el cura local le escribía al párroco de donde venía el forastero, informándole sobre el matrimonio para que ese cura certificara que no estaba casado previamente o que estaba viudo, normalmente aparecían testigos que también certificaban la soltería de la persona.