El perfil de un genealogista

Actualizado: mar 22

Con este artículo termina el segundo capítulo del manual de genealogía, que he ido publicando en este sitio y puedes ver AQUÍ. Restan solo dos más, que son los prácticos, ya que hasta este momento todo ha sido más bien preparatorio, con nociones de qué esperar en genealogía, metodología, utilización de apellidos, genealogía genética, de dónde venimos los chilenos, mitos, y así un montón de información relativa a documentación, fuentes orales, bibliografía, etc.


En esta oportunidad, quiero entregarte el perfil de un genealogista, para que abordes este fascinante manantial de aventuras investigativas de la mejor forma posible. Para mí, la genealogía como disciplina, requiere de investigadores con ciertas características, así como para los trabajos “normales” se requieren habilidades y conocimientos, para desenvolverte en este mundo, también.

Así que justamente he separado en estas dos áreas las características para ocupar el puesto de “Genealogista”.



Habilidades


Actitud científica: hazte preguntas difíciles, duda siempre, no asumas cosas sin tener respaldo, sé perspicaz. Los relatos orales no siempre son verídicos, no confíes en las edades que aparecen en los documentos, no te quedes con una sola versión de las cosas, no creas en los índices; al contrario, revisa tú mismo hoja por hoja. Debes sopesar la información, analizarla y concluir. Extrae todo lo que haya en un documento, todo, hasta aquellas cosas que parezcan insignificantes, nunca se sabe cuándo cobrarán valor y siempre anota la fuente de investigación, es la única forma de poder ahondar en esa búsqueda y no partir de cero, además de mostrar claramente a otros cómo es que se hace tal filiación. En definitiva, si la genealogía es ciencia, tú debes ser un científico.


Tolerancia a la frustración: te vas a frustar, no es una amenaza ni quiero asustarte, es un hecho. Habrá momentos en que no encontrarás lo que buscas, muchísimos en que encontrarás cosas incompletas. Entonces, respira hondo, sal a caminar, piensa en otra familia, lee un libro… Y luego vuelve con nuevas ideas.


Paciencia: si no te consideras paciente, ni te interesa serlo, no podrás ser genealogista, lo siento. Los procesos investigativos profundos toman años de años. Tendrás que recorrer libros manuscritos de 1.000 páginas una a una y sacándole el máximo provecho, todo eso es lento. Salvo que tu familia sea conocida, el grueso del trabajo lo harás tú y ya sea por limitaciones de la documentación o porque no sabes cuáles más existen, no avanzarás en línea recta, tendrás que ampliar tu campo y eso significa mucho más tiempo.


Orden: sí, bastante orden. Yo sigo trabajando en este punto, pasa que sin orden uno trabaja dos veces. Para esto te recomiendo anotar todo; si buscas en un archivo, entonces anota lo que buscaste (apellido, periodo, por ejemplo), porque seguramente lo volverás a revisar y si no sabes qué hiciste antes, lo tendrás que hacer de nuevo. Anota siempre las fuentes de información, el fondo documental, el libro o volumen, las fojas o páginas, siempre. Pocas cosas son tan desagradables que encontrar apuntes donde no está la fuente, porque eso implica revisar todo de nuevo. Mantén una forma fácil de buscar en tu computador, apóyate en Softwares y sitios también.


Comunicación: nadie nace sabiendo, así que cuando tengas dificultades, pide ayuda; pero no una del tipo “necesito conocer los antepasados de Juan Pérez, de Ecuador… “ Si quieres que te ayuden, debes proveer toda la información necesaria, mínimo: nombres, lugares y fechas importantes, documentos ya revisados, familiares inmediatos y algún dato que pueda ser relevante. Haz tu trabajo, y si no sabes cómo, pregunta también. Créeme que muchos genealogistas son generosos y te podrán ayudar, pero ninguno es mentalista ni mago. Y cuando te ayuden, anota claramente quién te dio la información, lo mínimo es darle el mérito a quien corresponde. Por otro lado, compartir con otros genealogistas las familias o lugares investigados solo genera cosas positivas, ya que pese a que somos más bien solitarios con nuestros trabajos, uno está atento para entregar descubrimientos a otros y viceversa. La comunicación es vital.



Conocimientos


Genealogía: lee todos los libros de genealogía que te lleguen, busca, infórmate. Hay estudios que te pueden orientar, y en el mejor de los casos inclusive podrían tratarse sobre tu familia. Conoce los términos utilizados típicos, los usos de apellidos. Aprovecha de ver las fuentes documentales ocupadas en esos libros e incorpóralas a las tuyas, de hecho te acostumbrarás a ver los libros por sus fuentes. Saber de estudios familiares es lo mínimo para ocupar el puesto de “genealogista”.


Archivos: será imposible que avances en cualquier construcción documentada de tu familia si no conoces los archivos que puedes consultar. Pero no solo se trata de saber donde están, o qué fondos contienen; debes conocer con exactitud para qué te sirven, qué tipo de información puedes obtener, cuáles son las fechas extremas y alcances de la información. Los archivos son mundos por sí mismos y pocos los que le sacan el máximo provecho.