Balance 2020 y ¿2021?

Actualizado: ene 3

¡Qué año pasado! De lo más insólito que he vivido y me imagino que te pasa lo mismo. Tanto ya se ha dicho para comentar lo desastroso en vidas, no solo por la muerte de personas, a veces cercanas; sino por lo que sufrimos en materia mental y física. Pude observar lo difícil que es tener la cabeza fría frente a lo desconocido y de ahí a imaginarme a nuestros antepasados justamente viajando hacia lo ignoto me resultó esperanzador, porque lograron superar esas barreras.


No fue ni la primera ni será la última situación que vivamos agobiados por una enfermedad sin cura ni tratamiento; la ventaja es que ahora estamos mucho más comunicados y podemos tener más claridad respecto de a qué nos enfrentamos y lógicamente la tecnología nos acompaña. Y aun así, nos estresamos y angustiamos. Lo seres más evolucionados en este planeta somos volubles a nuestro entorno, pequeños realmente. Pero pequeños con familias y amigos, no estamos solos.


En fin, el 2020 será recordado por mucho tiempo, y espero que hayas tomado nota de lo vivido, recuerda que tenemos que contarles a nuestros nietos cómo fue el año increíble. Sé que parece que ya está todo dicho y, sin embargo, el 2021 también tendrá altibajos, aunque espero que sean bajialtos y terminemos mucho mejor que como empieza.


En enero del año pasado envié una investigación, junto a Daniel M. Stewart, a una revista de Historia. En realidad era el primero que hacía con fines académicos para esta disciplina, así que no sabía exactamente cómo sería recibido, pero durante el mismo día el director de la revista me respondió que el trabajo había despertado “enorme interés” y que ya tenía una evaluación y agregaba “(esto no pasa nunca)”. La valoración fue positiva y después de algunas correcciones lo enviamos a fin de mes.


Lo que diré en adelante será en voz baja. El 2020 fue absolutamente desafiante y extrañamente en temas genealógicos e históricos, ha sido mi propio annus mirabilis.


En marzo comenzaron a decretarse cuarentenas en Chile, así que nos tuvimos que adaptar rápido y habilité un espacio en la casa al que llamamos oficina. Durante los siguientes meses viví (vivo) en esa pieza desde la mañana a la noche. Estuve trabajando bastante, tanto en mi empresa, la universidad y genealogía (¡por supuesto!), fue el momento en que mi peso iba subiendo a la par de los casos COVID-19 (y aunque los contagiados bajaron, ¡mi peso no!). La preparación de las comidas fue complicada, digamos que yo era el de la vía rápida para cocinar y mi mujer la de la comida casera. En cuanto a lavar la ($%&=%“&) loza, nos turnábamos, fue el momento en que creí firmemente que los niños debían aprender el oficio. Éramos muy descoordinados, así que la ropa sucia se acumulaba y luego estábamos en una maratón un par de días para volver a cero; de planchar ni hablar, no existió el servicio en mi casa. Los niños se portaron bastante bien, al comienzo inquietos y complicados con las clases online, pero luego fueron entendiendo la nueva dinámica, también sufrieron la adaptación de estar juntos, muy juntos, hasta que llegaron a un equilibrio muy bonito, porque conversan mucho y aunque pelean, ellos mismos buscan la forma de volver a amistarse.


29 artículos publiqué el 2020 en este sitio web, un poco más de uno cada dos semanas; bastante bien para lo que pretendí al comienzo. Dentro de todos ellos, rescato la serie sobre Bibliografía Genealógica, Paleografía y el uso de FamilySearch; familias que incorporé fueron Núñez, Soto, Dinamarca, Marambio, Zúñiga, Moya, Silva y Pavez; sobre investigaciones de lugares y costumbres, está Grandes escándalos y el cura Gatica; y sobre otras investigaciones está la serie sobre el pisco, el reino de Chile, familias chilotas y por supuesto “La Odisea de los Salvadores”.


Variado y abundante para mi gusto. Este año me encantaría alcanzar una cifra similar, uno cada dos semanas, ¿lo lograré?


No pude hacer clases presenciales en la universidad donde trabajo medio tiempo, fue todo vía Zoom. Fue un tanto difícil, porque hablar a una pantalla donde la mayoría de los alumnos (todos a fin de año) no prendían sus cámaras, era realmente estar hablando a una pared. Y tampoco debió ser entretenido para ellos, imagínate los experimentos de laboratorio que no vivieron. Pero, como en todo, fue aprendizaje.

El 29 de marzo nos contactamos Ruby Baeza, Pablo Blanco, José Melo y Arturo Neumann para comenzar con un ciclo genealógico fantástico: Viva la Genealogía. Partimos apenas dos días después, el martes 31 de marzo con la primera reunión virtual: “Investigación en tiempos de cuarentena”. Estuvimos desde entonces todos los martes, conectándonos y compartiendo muchos temas interesantes con quienes llegaron. Participaron muchos y fue muy entretenido. Fueron en total 18 reuniones virtuales y la mayoría de ellas las puedes ver en Youtube: AQUÍ.


Al poco tiempo comenzamos a realizar cursos de Genealogía donde conocí virtualmente a tantos queridos amigos que aunque no los he visto más que a través de Zoom, compartimos felices esta pasión; pronto nos reuniremos en vivo y en directo, estoy seguro. Realizamos 4 cursos, el último de Genealogía y ADN, que sigue muy activo y unido. ¡Así da gusto tener alumnos!



A fines de mayo fue publicado el artículo de investigación histórica que había sido aprobado en enero: Viña, alambiques y “veinte y cinco botijas de pisco”. Alhué, 1717. Esperaba alguna repercusión en el ámbito académico, mesurada por cierto, hasta que a fines de junio un periodista especializado me contactó e hizo un artículo en su sitio web. Lo tomaron en mi universidad y lo compartieron con la prensa, y entonces comencé durante julio y agosto a participar en una serie de entrevistas de lo más variopintas. En particular, me gustó una reunión que hice con bartenders, todos estaban al tanto de lo que se sabía en términos históricos y querían que yo les transmitiera cómo encajaba esta nueva investigación, me asombró la energía de ese grupo. ¡Y hasta me enviaron una botella de pisco! En la prensa escrita, en la virtual, y en todos los canales de televisión chilena apareció una nota. Si tenemos un minuto de fama en la vida, ese fue el mío. Ahh, y también hubo repercusión en Perú, aunque por algún motivo no les gustó tanto la publicación, jejej.